Aiyanna: construir una filosofía de marca alrededor de un paraíso natural
- Rebranding
- Narrativa de marca
- Logotipo
- Id. visual
- Sistema de diseño
- Id. verbal
- Diseño web
- Desarrollo web
Briefing del proyecto
Aiyanna es un restaurante de playa ubicado en Cala Nova, Ibiza. Pero llamarlo simplemente “restaurante de playa” es quedarse corto. En el mismo espacio conviven la gastronomía mediterránea de autor, sesiones de yoga al amanecer, exposiciones de arte, conciertos en vivo, proyecciones de cine al aire libre… Aiyanna no es un restaurante: es un ecosistema cultural con vistas al mar.
El cliente llegó a Waka con un reto bien definido y complejo a la vez: necesitaban un rebranding que capturase la esencia más pura de Ibiza —su armonía con la naturaleza, su autenticidad relajada, su capacidad de sorprender— sin traicionar el carácter ecléctico y muy personal que ya tenían. La identidad existente no articulaba con coherencia todo lo que Aiyanna era. Las ideas estaban ahí, pero dispersas; el potencial era enorme, pero faltaba un relato y un sistema visual que lo sostuviese.
El objetivo era claro: posicionar a Aiyanna en el top 5 de restaurantes de la isla, atraer a un público más selecto sin perder la apertura hacia todo el mundo, y construir una marca capaz de generar comunidad y cultura a su alrededor. El reto creativo, igualmente exigente: la nueva identidad debía dialogar con el interiorismo existente del local, funcionar de día y de noche, y dar sentido —sin forzarlo— a un universo de propuestas distintas pero complementarias entre sí.
Concepto: One place. One spirit. Full experience.
El sector de la restauración en Ibiza sufre de un problema de doble vía: o apuesta por el lujo estéril y la exclusividad performativa, o cae en el chiringuito de siempre, simpático pero genérico. Hay muy poco espacio para una marca que sea al mismo tiempo sofisticada y abierta, selecta y accesible, bella y honesta. Ese espacio vacío era exactamente donde vivía Aiyanna.
El concepto que articulamos parte de una verdad sencilla: Aiyanna no es un sitio al que se va a comer. Es el sitio al que se llega cuando uno quiere algo más. Más que una terraza con vistas, más que una carta bien ejecutada, más que un buen DJ. El insight central es que existe un perfil de persona —curiosa, vital, con criterio— que busca en sus experiencias de ocio el mismo nivel de profundidad que en cualquier otra parcela de su vida. Para ellos, Aiyanna es el desvío. El lugar donde todo acontece.
La personalidad de marca se construyó sobre tres arquetipos complementarios: el Amante (placer de los sentidos, disfrute hedonista y voluptuoso), el Explorador (para quien persigue algo más, con la mente abierta a lo desconocido) y el Inocente (optimismo, ligereza, presencia en el momento). Juntos generan una marca que estimula sin saturar, que invita sin presionar, que es capaz de ser relajada y vibrante en el mismo instante. Casi como la propia isla.

La naturaleza como sistema
La premisa de partida fue no inventar nada que el entorno no hubiera inventado ya. El restaurante está literalmente integrado en la naturaleza: el pinar, la roca, la arena, el mar. La frontera entre el interior del local y el exterior no existe con claridad, y esa ambigüedad es uno de los activos más poderosos de Aiyanna. Nuestra tarea era hacer que la identidad visual proyectase exactamente esa sensación: no saber cuándo estás dentro y cuándo estás fuera.
La paleta nació del paisaje ibicenco más honesto: cuatro tonos terrosos y orgánicos —Cactus (un verde salvia desaturado), Bisque (rosa piel caliente), Tierra (siena natural) y Xanadú (verde grisáceo)— complementados con negro y blanco. No son colores de moda; son los colores del entorno. La elección fue deliberadamente opuesta a la tendencia dominante en hostelería de lujo, que abusa del dorado, el negro y el blanco inmaculado para comunicar exclusividad. Aquí la paleta comunica algo más difícil de imitar: autenticidad.
Uno de los elementos más singulares del sistema es la iconografía: un set de glifos inspirados en la iconografía de las primeras civilizaciones mediterráneas. La decisión tiene una lógica profunda: si Aiyanna reivindica la Ibiza más auténtica, era coherente mirar hacia atrás, hacia las raíces de la isla.
El sistema fotográfico se estructuró en tres categorías —entorno, personas/ambiente y gastronomía— con una capa de complejidad adicional: cada categoría debía funcionar en dos registros completamente distintos, el diurno (luz natural, calor, aire mediterráneo) y el nocturno (atmósfera, fuego, sensualidad).

Las palabras como materia sensorial
La identidad verbal de Aiyanna parte de una premisa poco común en restauración: las palabras no describen, evocan. No se trata de informar al cliente de qué hay en el menú o a qué hora abre; se trata de hacer que sienta algo antes de llegar. La voz de Aiyanna es abierta, sugerente y curiosa, con un sentido del humor fino y un optimismo que no cae en lo naive.
Trabajamos un sistema de recursos verbales concretos para que el equipo pudiese construir copys coherentes sin depender de un redactor externo en cada comunicación. El enfoque fue siempre estimular los sentidos a través del lenguaje: frases cortas que actúan como fotogramas, referencias al entorno, invitaciones abiertas sin imperativo. Nunca grandilocuencia ni promesas vacías. Nunca el tono de restaurante que se toma demasiado en serio.

La marca en el espacio
Una identidad que solo vive en pantalla o en papel no es una identidad completa: es un manual de intenciones. Para Aiyanna, el desafío era que el sistema visual funcionase en el contexto más exigente posible: la experiencia real, física, en el local. Diseñamos las piezas tangibles que articulan esa experiencia: la carta (pieza central de la identidad gastronómica, donde conviven tipografía, iconografía y fotografía de platos), la mantelería, los posavasos, los uniformes del equipo y las sillas.
Cada pieza resuelve un problema específico: cómo trasladar la calidez orgánica de la paleta a un material textil, cómo hacer que un posavasos comunique algo más allá de su función, cómo lograr que el uniforme no parezca un uniforme. El resultado es un espacio donde la identidad de marca no interrumpe la experiencia sino que la amplifica, de forma casi imperceptible.

El desvío digital
La web de Aiyanna no es un escaparate con horarios y carta. Es una extensión de la experiencia del local —o, para ser más precisos, una promesa de esa experiencia. El reto técnico y conceptual era el mismo: hacer que quien entrase en la web sintiera algo antes de hacer clic en “Reservar”.
Para lograrlo, desarrollamos una serie de decisiones técnicas con intención narrativa clara. El fondo de la web cambia dinámicamente según el contexto y el scroll, reproduciendo la variabilidad sensorial del propio restaurante —ese lugar que se transforma entre el mediodía y la medianoche. Los elementos flotantes sobre el contenido replican la sensación de capas superpuestas que tiene el espacio físico: el interior y el exterior conviviendo sin frontera clara. Y el efecto hover que transita de fotografía a vídeo es quizás la decisión más reveladora: el usuario no consume contenido estático, sino que activa una pequeña experiencia con cada interacción.
¿Pero quién ha hecho esto?

Mariví Jiménez
Creatividad, diseño & ilustración

Jose Carlos del Pozo

Pablo Herrera
Daniela Santelmo
Diseño digital
Alejandro Herrero
Dirección creativa digital
Ricardo García Llanos
Desarrollo web

Arantxa Moragrega
Conceptualización & copy

