Tenemos que decir algo. Es lo único que llevo en la cabeza todo el día. Pero luego he leído de todo en internet, maravillosas opiniones que eran lo que pensaba yo mismo. Así que no sabía qué escribir. Pero este es mi blog y si quiero soltar mi rollo lo suelto… allá voy:

1986. Cuando tenía 10 años, mi hermano Michelo nos sentaba a mi hermano Juanris y a mí a ver el programa más molón de la tele: Metrópolis. En la “Segunda cadena”, con contenidos de lo más punteros. Uno de los eventos del año, que esperábamos ansiosos era el concurso de animación digital. En mi casa, como en casi todas, no había ordenador y eso que mi hermano estudiaba Teleco.

Pues bueno, ahí fue donde vimos el primer corto de Pixar. Indudablemente fue el ganador. Había años luz en comparación con los demás. Cuando lo vimos, no lo podíamos creer. Era marciano. Era completamente real y nos parecía insuperable la calidad. ¡Qué tiempos!

Todo este rollo, vengo a contarlo porque he seguido la pista de Steve Jobs y John Lasseter desde entonces y he visto con enorme alegría sus progresos personales. Es cierto que luego que se han girado al lado business-man, pero entiendo que a ese nivel la cosa tiene que volverse incontrolada. Les perdonamos.

Yo me quedo con la fuerza que tenían en sus principios. la confianza en uno mismo y su energía para cambiar cosas sin ningún miedo. Yo me inspiro con ellos, tratando de marcas mis metas y no dejarme manejar por los dogmas sociales: Nunca me pienso poner corbata para ir a trabajar, porque lo que debe contar es el talento personal.

Todavía tengo fuerzas para emprender con este mismo proyecto de NPLC, aunque me cueste pasta, porque me hace sentir libre y que puedo influenciar en los demás para que lo sean también.

Su discurso en la graduación de Stanford, es muy emotivo. Imprescindible. Habla de cuando vivía como una rata, ya que era huérfano y no andaban bien de pasta. También de su visión del mundo y de cómo afronta la vida y su propia muerte. Vamos, un ejemplo a seguir para evitar convertirnos en gordos egoistas, que ya hay demasiados.

Quedaros con la frase favorita que empujaba a Steve cada día: “Si vives cada día como si fuera el último, es probable que algún día tengas razón”. A él le ha llegado el momento de tenerla. ¿Vosotros, con qué ilusión os levantáis cada día antes de morir? Su solución: “Ser hambriento y alocado” (con la vida, claro).

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